Opinión | Miguel Angel Russo: la construcción de un regreso

Después de conquistar la Copa Libertadores el 20 de junio de 2007 frente al Gremio, con la presencia de un Riquelme tan influyente como descomunal, el técnico de 63 años volvió a Boca para intentar reeditar lo que aquel equipo supo elaborar y ganar

¿Tiene carisma Miguel Angel Russo? No. ¿Tiene conocimientos futbolísticos que el ambiente puede calificar como valiosos? Sí. ¿Es el técnico indicado para este Boca urgido (y desesperado) por conquistar su séptima Copa Libertadores? Se verá sobre la marcha mientras recorra su camino como entrenador de un equipo que está muy golpeado por las sucesivas eliminaciones que padeció ante River.
 
El mayor crédito de Russo se inscribe en la Copa Libertadores que ganó en 2007 a favor del aporte extraordinario que ofreció Juan Román Riquelme durante toda la competencia. Ese Riquelme fue el mejor Riquelme de la historia. Sin él, Boca no habría llegado a la cumbre. Fue tan determinante Riquelme, como en otra escala lo fue Diego Maradona para la Selección que dirigía Carlos Bilardo en México 86.
 
Esa consagración de Russo le permitió regresar a Boca doce años después. No está de más recordar que Riquelme nunca elevó a Russo a la categoría de gran técnico. No había por aquellos días un ida y vuelta muy virtuoso entre Russo y Riquelme. Había un correcto trato profesional. Y nada más. Que ahora, considerando el reencuentro de Russo y Riquelme, algunos sectores de la prensa pretendan reescribir la historia, forma parte de los versos edulcorados que siempre fluyen en este tipo de circunstancias.

Russo tampoco era el hombre aclamado por el pueblo xeneize. Nunca lo fue. Ni antes ni ahora. Se le reconocía que administró bien los recursos humanos que dispuso en el 2007. Ese plantel (integrado, entre otros, por Caranta, Ibarra, Cata Díaz, Morel Rodríguez, Clemente Rodriguez, Ledesma, Banega, Cardozo, Riquelme, Palermo y Palacio) era muy superior al plantel que hoy debe conducir. Hasta podría afirmarse sin caer en exageraciones, que aquel Boca estaba dos o tres goles por arriba de este Boca al que Gustavo Alfaro no supo dotarlo de un funcionamiento. Y sin un funcionamiento nada puede proyectarse.

Tiene que construir Russo lo que Alfaro en un año no logró. Porque más allá de los mensajes contradictorios y efectistas que Alfaro fue elaborando en su pasó por el club, la realidad inocultable es que le quedó grande Boca. Por eso llegó Russo para reemplazarlo.

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