Los anti por aquí, la grieta por allá y toda la institucionalidad argentina se transformó en barra brava.

 
 
 
Por Jesús Marcelo Delise
 
 
Los Anti, o mejor dicho contrera, gorila, cipayo, antipopular, trosco, liberal, burgués, blandito, oligarca.
 
La relación con su objeto, el peronismo, o los ya denominados K, suele provenir de ideas pobres de posicionamientos, manifiestos en defensa de la democracia, pero al estar infectados con el virus del odio, alejados de ella.
 
Su dialéctica, suele ser alarmada y enojosa, una lengua poco interesante aún presente en el denuncialismo televisivo o en las redes sociales. Sin embargo, algunas intervenciones las descosen por su volumen crítico y la renovación en el análisis.
 
 
La búsqueda incansable de enfrentarse contra los sectores populares, a veces resultan tediosas y alejada de posicionamientos ideológicos, pero en general, se vislumbra características egoístas, ya que se involucran con el absolutismo innegociable al buen estilo de quienes nos saben decir a viva voz, lo nuestro es la democracias, los otros, son el abismo.
 
Los anti son los que aceptan su papel y resignas su lugar en el debate, solo buscan, acercarse con curiosidad al que no está en su misma sintonía para explicar con palabras renovadas, algo considerado un mal antológico.
 
A lo largo de nuestra historia política, hubo muchísimos anti, los hubo estéticos, políticos, militares, religiosos, científicos y literarios.
 
Los anti son una estela que sigue dejando un dilemas sociales que implican saberes rotos y vitales y Como cualquier problema, requiere de experiencias drásticas para ser pensado mejor, para ser pensado sin caer en un discurso que termina vistiéndose con el mismo traje que queremos remendar.
 
 
En la argentina, hablar de anti es hablar de obsesiones, es hablar de aquellos críticos obsesivo que nunca tiene certezas, no puede terminar de cincelar su juicio, porque los problemas que estudian, suelen colarse en las contradicciones que los llevan a vivir un círculo vicioso donde todo gira y parece no pretender detenerse jamás.
 
 
 
Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) fue pensador autodidacta, 1956 escribió ¿Qué es esto? luego de permanecer postrado por más de cinco años en la cama de su hogar bahiense, con una enfermedad somática que nunca pudo especificarse. Él decía estar “enfermo de mi país”. El peronismo lo había vencido, pero lo cierto es que después del derrocamiento de Perón, volvió en sí con una salud que resplandecía.
 
Desde Ezequiel Martínez Estrada, hasta Borges, cuyo desprecio por el peronismo era aún más feroz, los anti ocuparon un lugar preponderante en la mística popular, y condujeron a las masas a seguir sus pasos que no era otra cosa que oponerse por el simple hecho de hacerlo sin importar los argumentos.
 
Con el kirchnerismo, los anti se volvieron burdos, cómicos, resentido, poco creativo. Y aparecieron en la escena con un discurso muchas veces cansador, no hay conceptos ni preceptos que sostengan sus pensamientos, que se manifiestan con mucha hostilidad, y a su vez, mostrando en muchas ocasiones la cara de la ridiculez.
 
 
A unos pocos meses de las elecciones pasadas, varios de los famosos anti K preocupados por las encuestas que posicionaban al kirchnerismo como ganador, se vieron en una encrucijada que les generaban más que un dolor de cabeza, Mirtha Legrand para dar un ejemplo, se la notaba desesperada por no poder pegar un ojo por el tema, y desde su programa, no dejaba de manifestar su temor ante un posible regreso de Cristina Kirchner. La diva del tenedor libre televisivo, había asegurado que iba a hacer “todo lo posible” para que gane Macri, y confesaba su temor por el retorno a la presidencia de Cristina Kirchner. «Si llega a ganar el kirchnerismo, habrá sed de venganza y va a haber un ministerio del odio. Va a ser muy difícil, y Argentina se va a transformar en Venezuela», comentaba en aquel entonces.
 
Uno de los elementos centrales que influyen en las urnas a la hora de elegir un candidato en estos días, es sin duda el odio, una herramienta emocional que el marketing político maneja muy bien e intenta direccionar hacia una u otra persona.
 
No cabe duda que el Odio fue y será una variable que utilizara por siempre la prensa hegemónica, ya que el odio, es una flecha en llama que se lanza estratégicamente a sabiendas de que no tiene otra posibilidad de generar adhesión.
 

El gobierno de cambiemos, supo utilizar muy bien este mecanismo de destrucción masiva de pensamiento y debate, logrando ingresar en la psiquis colectiva para impulsar cambios que desfavorecen a gran parte de la población argentina, pero que aun así, consiguió su aprobación por esas cosas que a veces no tienen explicación y otras, porque el odio es un factor tan fulminante que no deja ver la realidad.
 
El odio y los anti, son indudablemente unas categorías que tienen que ver con el juego, el circo y la compulsa de la política. En estos tiempos que corren, el odio, la mentira, el amor o la verdad, nos lleva a un lugar donde en términos epistemológicos no tiene sentido pensarlos, y es conveniente, tener una mirada en el pensamiento político y así, conseguir un punto de quiebre.
 
Es así como los antis no son más que el producto del odio por una construcción muchas veces carentes de explicación, pero motivada exasperadamente por discursos mezquinos y egoístas que terminan dando resultados en las urnas: En la medida en que se logra construir odio en torno a un personaje, eso termina siendo muy eficiente a la hora de definir si un candidato gana o no unas elecciones.
 
Los anti dejan que lo emocional influya más que lo cuantitativo, ya no importan los números a la hora de definir adhesiones. Ya no importan los datos concretos a la hora de la construcción de una identidad política volátil. Ya no importa si tu heladera está vacía, si la luz el gas o el agua son impagables, no importa si hay o no un litro de leche en tu mesa, o si hay vacunas para tus hijos en los hospitales, si el trabajo escasea, o simplemente el comer sea cosa de unos pocos, los anti, movilizados por una fuerza que no pueden controlar, buscarán incluso los enfrentamientos más irrazonables, sin importarle de qué lado se paran en la verdad de la vida.
 
Está muy claro que la grieta, al igual que con el odio, sirvió como herramienta de destrucción masiva en contra de los sectores nacionales y populares: El gobierno de Cambiemos se dio cuenta de que la grieta, le resulta funcional a sus estrategias de acumulación y la usó con mucha sabiduría, a tal punto, que lo catapultó a lo más alto de la pirámides estructural política.
 
La grieta siempre garpa, genera una disposición que invita a la discusión cerrada sin debaten y muchas veces sin explicación lógica.
 
Los anti son el producto de la mezquindad social, del negacionismo cultural, de la desaprobación del equilibrio frente a los que se sienten dominantes y los que no quieren ser más dominados, pero en estos días, los anti han cruzado lo absurdo, se abusaron del desprejuicio, se dejaron llevar por discursos carentes de contenido, y se enrollaron con los cuentos de historietas que en muchas ocasiones, traspasa cualquier tipo de racionalidad.
 
 
Hace más de diez años, se desató una fuerte división política en Argentina, de la mano de los medios de comunicación con personajes como La Nata, ellos, identificaron a esa división con el nombre de la ‘grieta’, y así, este nuevo concepto social, que atravesó toda entidad y puso en un cuadrilátero a las clases más bajas, para que los de arriba, los poderosos de turno, disfrutaran de esos encuentros sin otro sentido más que el de lastimarse entre sí, lograron que esas cenas de familia, esos encuentros de café, o esos viajes en tren, se conviertan en enfrentamientos encarnizados, donde difícilmente haya ganadores o perdedores.
 
El resultado de toda esta confrontación, fueron los anti, donde su mayor expresión recayó en los antikirchneristas de masas, que se fue cristalizando políticamente en la figura de Mauricio Macri y su Cambiemos.
 
“Como si toda la institucionalidad social se hubiese vuelto barrabrava”
 
 
Posiblemente, haya por el 2008, cuando la entonces presidenta Cristina Fernández de kirchner se enfrentaba con sectores rurales por el cobro de impuestos a las exportaciones, estalló la grieta en su máxima expresión y a partir de ese momento, el país se dividió casi sin grises, entre kirchneristas y antikirchneristas.
 
Los medios sin lugar a duda fueron la munición pesada de esta grita que al día de hoy, se sigue manifestando en muchas ocasiones de manera salvaje, creando cada día los anti peronistas, los antikirchneristas, o en definitiva, los anti, carentes de datos o de pruebas que avalen sus posicionamientos, pero lleno de broncas y egoísmo que incluso, los ahoga en su sed de venganza.
 
La pregunta que me permitiré hacer en búsqueda de un cierre para esta editorial es, ¿cuándo se dará un proceso de cicatrización social, que dé por cerrada la grieta?. Todo parece confirmar que tendremos antis para rato, ya que le grieta está muy lejos de cerrarse. Pero claro, si bien cuando River y Boca se enfrentan en el clásico de los clásicos, deja muy en claro que el agua y el aceite no se puede mezclarse, hay un momento que trasciende en el deporte más importante de nuestra tierra que es el fútbol, y es cuando jugadores de distintos equipos se calzan la celeste y blanca, convirtiendo a la sociedad toda en un solo grito.
 
Quizás, algún día, nos animemos a ponernos la celeste y blanca en el pecho y así, entendamos de una vez por toda que ni negro ni blanco, que ni de Boca ni de River, que ni en una vereda ni en otra, ya que todos somos argentinos y ser anti argentino, definitivamente no puede ser posible.
 
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