HOMBRE… IGUAL CHIMPANCE

 

 

Por KIETAIBL GUSTAVO

 

Si pudiésemos pasar unas cuantas horas rodeados de ellos nos daríamos cuenta, pese a la evolución y pese a DARWIN, lo similares que somos.

Entre ellos, al igual que entre nosotros hay diferencias y desigualdades que perduraran con los tiempos. De lo que nosotros llamamos bestias hasta la genialidad del hombre ó el hombre genio actual, hay un crisol de intermedios.

Fisiológicamente somos muy similares. Necesitamos comer, beber y dormir, tanto hombres y bestias lo hacemos y lo seguiremos haciendo para sobrevivir, ya que somos máquinas de combustión que necesitan alimentarse y descansar. Todo ello determina nuestra supervivencia individual, como seres independientes y únicos. Si lo dejáramos de hacer moriríamos como individuos. Nos marchitaríamos.

Ambos también mostramos una necesidad sexual activa, en este caso para asegurar la
supervivencia de la especie. Si lo dejáramos de hacer moriríamos como especie, estaríamos condenados a la desaparición de la faz de la tierra. Las bestias exhiben sus partes íntimas, muestran su blanca dentadura, liberan olores atrayentes, bailan a su estilo y gritan.

Los hombres usamos perfumes atractivos, nos vestimos de la mejor posible, a la moda y usamos tarjetas de crédito, flores, vehículos, relojes y otros regalos atrayentes. Todo ello para seducir a las “hembras.”

Ambos grupos tenemos actitudes similares para asegurar la atención de la hembra, la única diferencia es que, cuanto más nos acercamos al hombre y nos alejamos de la bestia, a ambas supervivencias, la individual y la de la especie, las condimentamos con placer, lujuria, un cierto grado de perversión y redes sociales.

También la etiología nos indica comportamientos similares entre bestias y hombres genios.

Las bestias se matan unas a otras para determinar dominantes y dominados, ganadores y perdedores, así como el dominio de cierto territorio. Los hombres, genios, hacemos lo mismo.

Sumamos además las guerras, la maldad, las hambrunas y asuntos más perversos como el exilio, los combates tecnológicos y lo combinamos con muerte de madres y niños en mares veraniegos (mar mediterráneo). Acoplamos alta tecnología transformándonos en máquinas perpetuas de sufrimientos y muerte. Pero eso sí, tenemos la capacidad de conmovernos o llorar ante imágenes desgarradoras de las consecuencias de nuestros actos a modo de limpiar culpas y responsabilidades. Qué paradoja la del hombre genio.

Bestias y genios diferimos solamente en la capacidad de despojarnos del instinto, de
deshacernos de las necesidades. Las bestias primitivas son prisioneras de su bestialidad, de
su instinto, nosotros podemos resistirnos, cambiar, superarnos, conmovernos y llorar. El
hombre puede ejercer su propia voluntad, su libertad individual y grupal, sus derechos
personales y sociales y tiene el poder de decisión en sus manos.
De esa capacidad surge la cultura del hombre genio, la civilización del hombre. El hombre
que adquiere cultura se aleja de la bestia. Nos impregnamos de arte, música, danza y todo tipo de expresiones corporales.

Ahora, ¿dónde nos ubicamos nosotros como personas individuales dentro de esta paleta de posibilidades, más cerca de la bestia o más cercanos al hombre genio? Ésta es la clave, ya  que con nuestras conductas y acciones para con los mismos animales con los que evolucionamos y convivimos determinamos nuestra ubicación, marcamos nuestro punto más cercano o más lejano de la bestia o del hombre genio.

La decisión es tuya.

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