Hay una carrera contra reloj y cientos de fábulas, donde la cura o la muerte, juegan al gato y al ratón mientras Dios tira los dados.

 
 
Por Jesús Marcelo Delise 
 
 
Dos compañías biotecnológicas parece competir por un podio que a muy pocos le interesa, ya que no se trata de ganadores y perdedores. Por un lado, una compañía estadounidense Moderna, y por otro lado, una compañía china, ingresaron en la primera fase de pruebas de vacunas con seres humanos, ambas afirman que en un año, se conocerán los primeros resultados.
 
La ciencia a cruzado la frontera de lo imposible y los científicos juegan a ser Dios mientras afirman que una vacuna contra el COVID-19 puede lograrse en tiempo récord, si bien, el plazo promedio para desarrollar una vacuna es de 5 a 10 años, ya se afirma que una vacuna es posible en un tiempo mucho más corto y así, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la vacuna podría estar lista entre abril y junio de 2021.
 
En argentina, gran parte de la clase trabajadora depende de la economía informal para sobrevivir, pero una pandemia que está poniendo de rodilla al mundo entero, no deja muchas opciones a la hora de decidir.
 
 
¿Cuidar la economía o cuidar la vida? Alberto Fernández, un presidente que llegó al gobierno en medios de un caos económico sin precedente, se diferenció de sus pares latinoamericanos como Andrés Manuel López Obrador o de Jair Bolsonaro para combatir la pandemia del coronavirus.
 
Parece una decisión simple, pero no hay que olvidar que si la economía de un país tambalea, también se pone en riesgo la vida de las personas y sobre todo, las de aquellas que la sociedad más favorecida mira desde arriba de sus hombros.
 
La decisión de Fernández, contrasta con las decisiones de los mandatarios de México y también del Brasil, donde el presidente Jair Bolsonaro ha minimizado los riesgos y se enfrenta públicamente con los gobernadores que toman medidas estrictas para combatir a la pandemia.
 
Mientras el Coronavirus avanza, los días se hacen cada vez más duros, minutos, horas, segundos, todo se hace eternos… por momentos nos damos cuenta que somos realmente seres terrenal y aunque estamos fragmentado por una enfermedad que surgió de la nada, podemos darnos cuenta que hemos perdido el encanto del endiosamiento y ya no estamos en el centro de la vida que nos gusta vivir, ya no sirven las peripecias personales, ni los estatus que nos pone en un mundo que podemos manejar a nuestro antojo.
 
El COVID-19 nos esté haciendo sentir débiles e insignificantes a todos por igual, como si viviéramos todos del mismo tallo. También es una enfermedad que nos da la oportunidad de aprender del misterio de nuestra fragilidad y vulnerabilidad que envuelve la gran aventura de la vida y hasta parece unirnos, sobre todo, en esos momentos donde nos sentimos tan desiguales.
 
Esta pandemia, nos está obligando a mirar de frente el acontecimiento al que siempre intentamos esquivar, la muerte.
 
Las cifras se van multiplicando y se transforman en un padre o un hijo, en ese fuerte deportista que salía toda las mañana a entrenar en la plaza de su barrio, en esa mujer cuyo cuerpo nos ha hecho suspirar, en ese hombre que vivía por encima del resto amparado por sus riqueza, o simplemente en ese anciano que llegó a una etapa de su vida, donde da lo mismo irse o quedarse.
 
El coronavirus nos muestra el rostros de miles de historias que estaban caminando por la vida sin pensar que de un momento a otro, todo llegaría a su fin.
 
De pronto, los pueblos se paralizaron, las fábricas quedaron desierta y los cines dejaron de contar esas historias que nos hacen volar, las escuelas no hacen sonar sus campanas, los bares no sirven ese café fuerte mientras las charlas se hacen interminables ¿y los días?, los días nos llenan de incertidumbre.
 
¿Cómo pedirle a Dios que nos cure, si no somos nada? No hay vacuna, no hay cura, solo calles desiertas y miles de palmas que aplauden por la noche recordando que hay hombres y mujeres que esa noche no dormirán, sino que abrazaran a la vida, lo más fuerte que pueden con su alma tan frágil como la nuestra.
 
En Argentina, donde la crisis financiera crónica y la grieta, siempre son protagonista, el desafío de abordar el coronavirus está logrando lo que nadie creía que se podría lograr, la unidad.
 
Fernández trabaja con todo el espectro político para tomar decisiones muy complejas y tan simple a la vez «Cuidar la economía o cuidar la vida»
 
¿La caída económica o la vida?
 
Ante un mayor grado de aislamiento, menores niveles de consumo y por ende, menor producción.
El impacto será decisivo, tan fuerte y letal como lo es la pandemia. Desde el turismo que enfrentará un panorama más que preocupante hasta la caída del sector agropecuario, tanto por efecto precio (más bajos de las materias primas agropecuarias) como cantidades, por la menor demanda mundial.
 
El Coronavirus está sacudiendo la economía de los países de todo el mundo, en especial las de los intocables como China o Estados Unidos, a quien no dudaremos en atribuirle la etiqueta de dueños de la economía mundial.
 
A medida que el crecimiento exponencial de personas infectadas va creciendo en escalas completamente descontroladas, los diferentes gobiernos buscan fortalecer las restricciones para salvaguardar a la población, pero claro, sería ingenuo pensar que aquí termina todo, ya que estas medidas atentan contra los ingresos económicos que perciben y me atrevo a insistir, cuando las economías caen, un sector de la sociedades entra en riesgo de muerte.
 
Líderes como Trump o Bolsonaro subestimaron el impacto y la amplitud contagiosas del COVID-19, pero ante la ferocidad de un virus, que apareció para llevarse todo lo que este a su paso, han tenido que retroceder, porque aparentemente, se han dado cuenta que las cuestiones políticas, ideológicas y militares sirven de muy poco para derrotar a una enfermedad muy contagiosa como lo es el COVID-19.
 
Italia, España y China; EE.UU. lidera el número de contagios y muerte en el mundo, el COVID-19 ha infectado a más de 597.000 personas en 188 países.
 
Más de la mitad de los casos contabilizados actualmente se sitúan en Europa: Italia es el segundo país más afectado del mundo y España, el cuarto con más de 65.000 positivos, EE.UU al momento, se pone a la cabeza con más de 100.000 casos diagnosticados, por encima de los más de 81.300 de China.
 
Los números son impactantes, la cifra de decesos en todo el mundo supera los 27.000 y la de los recuperados supera los 131.000.
 
Cuando todo parecía que China lideraría el Ranking por tener la zona cero, donde la enfermedad comenzó a extenderse sobre escalas inimaginables, Italia y España superaron las muertes de China y ya acumulan entre ambos países más de 14.000 fallecidos.
 
La rapidez con la que se expande el virus, puso a los países del mundo en jaque, obligándolos a cerrar sus fronteras como única medida a la hora de defenderse de los ataque de la pandemia.
 
Desde la Unión Europea hasta los más de 85 países infectados, se busca prohibir las entradas de viajeros, sobre todo con incidencia, como Italia o España.
 
En una hoja aparte, cabe ubicar a países como el Reino Unido, que a diferencia de sus vecinos, tardó días en decretar el confinamiento, sin olvidar que algunos de sus líderes aparecieron en los medios hablando de sacrificar a una parte de la población por el bien común, haciendo alusión a los más ancianos o a un sector de menor recurso de esa sociedad.
 
Lo cierto, es que ya hay 14.743 casos, entre ellos, el príncipe Carlos y el primer ministro Boris Johnson, contabilizando 761 muertes hasta el momento.
 
En Argentina, se detectaron 101 nuevos casos de coronavirus y la sumatoria fatal es de 17 muertos, pero los especialista aseguran que en nuestro país, la pandemia recién comenzó a caminar y todavía no mostró su peor rostro.
 
Los nuevos 101 fueron registrados en la Ciudad y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán, Córdoba, Neuquén, Chaco, Entre Ríos, Río Negro, Corrientes, Mendoza, Santiago del Estero y Misiones.
 
Los números finales dan un total, desde el comienzo del brote en el país de, 690 casos de coronavirus “El 56% son importados, el 24,2% son contactos estrechos de casos confirmados, y el resto se encuentra en investigación epidemiológica” según se sostuvo el informe de Salud.
 
El avance de la pandemia en Argentina ya dejó un saldo de 17 personas fallecidas con un dato a tener en cuenta, “12 presentaban comorbilidades, siendo las más frecuentes diabetes y obesidad”.
 
La vacuna contra el coronavirus está muy cerca pero a la vez demasiado lejos, no cabe duda que el gobierno nacional extenderá el plazo de cuarentena, al menos hasta mitad de abril y todo esto mientras implementa una serie de medidas para paliar la realidad, sobre todo de los más desprotegido de la sociedad.
 
Para finalizar, me veo con la obligación de preguntar, ¿qué pasará después que se levante la cuarentena? No hay vacunas que nos proteja y si bien la curva de contagio podría descender, cuando todos continuemos con nuestra vida cotidiana, no cabe duda que podemos comenzar con un nuevo ciclo de contagios, porque el virus está entre nosotros agazapado, esperando que nos acerquemos a él para dar el golpe letal.
 
¿Qué pasará con la economía?
 
Alberto Fernández alcanzó la presidencia de un país endeudado por varias generaciones, con una industria completamente destruida, con miles de pymes cerrada y un sistema agroexportador que no está dispuesta a ceder ni un céntimo de sus ganancias, en ese marco, una epidemia mundial que puso de rodilla al mundo y que deja muy en claro que lo peor está por venir, termina por destruir lo poco que se estaba haciendo para lograr un crecimiento sostenido.
 
Escribir una redacción en tiempos de aislamiento, parecía una tarea fácil, pero la realidad es que no lo es, porque las reflexiones se mezclan con las emociones que sacuden muy a dentro del alma.
 
El coronavirus está mostrando sus garras, subestimarlo, es una sentencia de muerte, hace unos meses lo veíamos por televisión y pensábamos, «nada de lo que está tan lejos nos pode tocar» claro, estábamos equivocados.
 
Asesino invisible y silencioso, nos alejó de los abrazos, de las reuniones en el café, de la pelota y el picadito de los sábado por la tarde, del mate entre amigo o del simple apretón de manos.
 
El contagios y los fallecimientos instauraron en nuestra vida sentimientos complejos, la confianza en que todo esto pasará y resistiremos nos da alivio, pero el miedo a que tengamos que lamentar la muerte de algún ser querido nos llena de angustia y no solo eso, también nos hace pensar que en la peor de las situaciones, no podremos acompañar y despedir a los afectados por esta pandemia.
 
Antes de ayer, mi hija me llamó llorando, «Papá, no salgas, sos asmático y si te agarra, te vamos a perder» y continuó diciendo « si me entero que salís te denuncio, prefiero verte preso» «no soportaría perderte y peor aún, ni siquiera poder despedirme»
 
Solo resta decir que el mundo está en guerra contra un enemigo que parece invencible, pero yo, sigo creyendo en un arma más que eficaz, el amor, ya que cuando lo expresamos se revelará poderoso, no tengo dudas, entrará más adentro que el mismo virus y ara el milagro de alejarlo de nosotros.
 
La ciencia está caminando y promete en tiempo récord encontrar la cura, pero mientras tanto, gastemos el teléfono, hagamos cientos de llamadas, salgamos al balcón y choquemos las palmas con la mayor fuerza posible, gritemos con todo el aire de nuestros pulmones para que todos los que se sienten solos y enfermos, sepan que no están solos, que hay algo más fuerte que el COVID-19 y es el amor que nos tenemos.
 
 
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