Es preferible reflexionar hoy, para ser un poco más iguales mañana.

Por Jesús Marcelo Delise

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Estamos a un paso de celebrar las fiesta y la navidad, es una de las mayores celebraciones no solo en argentina, sino en el mundo entero, una fecha, en la que recordamos  el nacimiento de Jesucristo, símbolos más que importante en la historia del hombre,  pero como contrapunto,  la religiosidad y la espiritualidad fueron dando paso al consumo como eje central de estas celebraciones.

Un pino de plástico con adornos y guirnaldas imaginando la nieve que nada tiene que ver con nuestras temperaturas que para estas fecha, superan los 35 grados, un pesebre que nos recuerda a una familia pasando por momentos muy difíciles, alejado de lo que implica una celebración que busca tirar la casa por la ventana.

Una fecha donde toda la familia se reúne sobre una mesa cargada de abundancia, donde las reconciliaciones y los deseos de paz y amor para todos, son parte de una tradición que a veces, parece durar solo hasta el amanecer.

Lo cierto, es que en el transcurso del tiempo, el sentido de la Navidad ha ido cambiando; y se ha transformado  en un encuentro  del año donde todo parece relacionarse  con regalos, ropa, decorados, cenas y festejos muchas veces desaforados; pareciera ser el momento ideal para dar rienda suelta al consumismo,  propio del modelo capitalista.

En nuestros tiempos, se ha ido instaurando la idea de que para celebrar la Navidad y el Año Nuevo, es necesario ir de compras, Incluso, debemos acceder a créditos o préstamos para poder hacer frente a los numerosos compromisos comerciales a los que el mercado nos impulsa, más aún, está muy claro que para el capitalismo, poco importa la patria, las posiciones ideológicas o en Dios, el capitalismo, es indiferente a toda estas cuestiones, ya que solo le sirve un tipo de ser  humano,  el consumidor. 

Para los hombres que pretenden mirar a las fiestas con un fuerte sentido de religiosidad,  la navidad significa preparar el corazón,  algo muy alejado al consumismo donde los regalos y las fuertes mesas llena de abundancia, son vedette  que giran y giran alrededor de cada familia.

El sistema capitalista es consumir. Es afirmar y reafirmar  el consumismo,  una pandemia planetaria, que promete el goce eterno que nunca llegará a su fin.

Los medios son grandes protagonistas a la hora de hablar de consumismo, los empresarios y comerciantes apelan a campañas publicitarias a través de los medios para atraer a los consumidores.

Las promociones son tentadoras, apelan a decirnos quién somos y quién seremos si tan solo consumimos una barra de chocolate, o bebemos una marca determinada de vino, ganar estatus con solo desgarrar un paquete, es muy tentador, más si aún, si sabes que te será muy difícil alcanzar esa vida soñada.

A medida que las fiestas se aproximan, llegan los Bombardeos  publicitario que tratan de apropiarse de la emociones, su blanco, es el cerebro humano que después de tantos ataques continuos, asociara a las fechas con regalos, bebidas, comidas y agasajos.

Es interesante ver cómo la magia del consumismo hace de las suyas a la hora de esclavizar nuestras mentes, incluso el mismísimo Papá Noel que llegó para hacer de las navidades los sueños más arraigado de nuestra niñez, nos demuestra que es una pieza bien aceitada del capitalismo salvaje y nos hará pensar en regalos, arbolitos y fuegos artificiales, y claro, nada de esto tiene sus bases en el nacimiento de un niño llamado Jesús.

En nuestro país, las grandes marcas esperan con ansias estas fechas clave, ya que en ella, se verá representado al menos 50% de las ventas que realizan en todo el año.

La navidad,  según los libros bíblicos, está asociada a la pobreza de un niño llamado Jesús que nació en la mayor promiscuidad, huyendo de poder del imperio.

Nuestro sentido a la hora de celebrar el acontecimiento, es pensar en una época de prosperidad y abundancia, siendo incapaz de considerar la realidad de aquellos tiempo, donde el imperio Romano regía en aquellas tierras, con la violencia de un imperio que no estaba dispuesto a perder ni un céntimo de su grandeza, todo esto, sin olvidar las matanza de Herodes que definitivamente, dibuja un panorama completamente distinto a un tiempo de celebración y festividad.

Hay una pobreza  histórica que rodea el nacimiento del niño, pero claro, ¿cómo encajaría la historia con las necesidades de las grandes marcas que diseñan un perfil navideño donde al menos,  todos somos felices hasta que la realidad diga lo contrario.?

En nuestro país, Desde la llegada de Mauricio Macri al poder, dos habitantes por minuto pasan a ser pobres y cada 73 segundos, uno cae en la indigencia. Esto quiere decir que la desigualdad social y económica es cada vez mayor y las fiestas de fin de años serán mágicas para unos pocos y angustiantes para otros.

La pregunta que me hago en esta instancia de mi  humilde redacción: ¿está bien que existan dos tipos de navidades, la que enfrentan los afortunados sobre  grandes ostentaciones y la que inevitablemente no pueden eludir aquellas personas que no tienen las mismas oportunidades y solo pueden aferrarse a lo religioso?

Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja antes que un rico entre en el reino de los cielos supo decir Jesús, pero en este actual reino, donde el consumismo es amo y señor,  difícilmente podamos entender qué nos quiso decir con semejante parábola.

En estas fiestas, donde la brecha social parece inmensamente desproporcionada entre los que más tienen y los que más necesitan, solo me detengo a preguntar ¿Cómo serán las mesas de aquellos que más necesitan? Estará verdaderamente la bendición de una navidad cristiana en cada familia que padece el olvido de una sociedad mezquina, o es que la navidad llega sin esperar credo o posición social de igual manera para todos?

Creo que como sociedad, está en cada uno de nosotros hacer que esa brecha que tanto nos aparta el uno del otro,  al menos se acorte el 24 y el 31 a la noche, para que por un instante entendamos que todos somos iguales y nos merecemos una caricia en el alma, y de ahí podamos construir un mundo un más justo para todos.

Estoy convencido que la navidad no es ni pobreza ni abundancia, sino el abrazo de una amigo, el beso cálido de un abuelo, la sonrisa de un hermano, la emoción de un padre y una madre que por el solo hecho de ver un poco de luz en la cara de su hijo entregaran su alma. Entonces, la navidad es esperanza y por sobre toda las cosas amor, y estos conceptos tan significativos para nuestra vida, están muy alejado de lo que en verdad, espera la sociedad de consumo.

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