En Presidente Derqui, vacunarse fue una Experiencia que vale la pena contar.

Vacunarse contra la COVID-19  no es otra cosa que adquirir las herramienta de prevención primaria fundamentales para limitar los efectos sanitarios y económicos de la pandemia.

 

 

Por Jesús Marcelo Delise jmdjesusmarcelo@gmail.com

 

Vacunarse es contribuir  con el trabajo de reducir la circulación de la enfermedad, las hospitalizaciones y las muertes relacionadas con la COVID-19, y claro,  ayuda  a restablecer de manera gradual, una nueva normalidad.

No cabe duda que somos testigos de un momento histórico de la existencia humana, donde el hombre,  con toda sus limitaciones,  combate  ferozmente contra un enemigo invisible y letal que no  tiene una posición ideológica ni predica  credos o se detiene en nuestra condición etnia,  debido a que le importa muy poco  la que raza al cual pertenecemos.

Lo cierto es que el Covid_19,  ha puesto de rodilla a las grandes potencias del mundo y a simple vista, se sabe mostrar  invencible.

Pero el hombre con sus aciertos y errores,  es capa de pensar, es capaz de investigar esos indicios que la naturaleza savia va dejando como huellas a propósito, seguramente, confiando que en algún momento,  seremos capaces de descubrir su idioma.

Desarrollar las vacunas, adquirirlas, distribuirlas y aplicarlas, supone un reto sin precedentes, seguramente,  el desafío de vacunación más importante de las últimas décadas y aún mucho  más,  al menos,  si logramos entender que somos parte de una realidad que transcenderá en los relatos históricos. 

En presidente Derqui, el miércoles fue  un día de esos donde los miércoles son simplemente miércoles, día caluroso de acuerdo al calendario, en definitiva,  un día de semana como cualquier otro pero con un condimento que marcaría la diferencia.

El teléfono suena y una voz  cordial se puede escuchar del otro lado de la línea.

-Buenos días:

-Lo estamos llamando por el turno que el día de hoy,  usted tiene para recibir la vacuna.

Debía haber llegado el mail  para informar que a las 10 de la mañana era mi turno, pero aparentemente, en el correo no figuraba tal información, aún así, todo se encaminó con un simple llamado telefónico.

-Si a usted le parece bien, podría acercarse ahora al centro de vacunación, lo estaríamos esperando.

-Perfecto, me preparo y salgo para el lugar.

-Muchas gracias y venga  tranquilo,  aquí lo esperamos.

Un día antes, desde temprano, decenas de personas se acercaron hasta el mítico estadio luna Park en (CABA)  dispuesto como centro de vacunación por el Gobierno porteño, pero se encontraron con demoras de varias horas. «Los que tienen turno llegan más temprano que el horario asignado», justificaron las autoridades.

Lo cierto es que mayores de 80 años se encontraron amontonados y en algunos casos, parados durante horas en la calle. Un debut que dejó mucha indignación al quedar al descubierto  el poco compromiso  y mal desempeño  por el Gobierno de la Ciudad.

Aun así, la TV  mostraba a muchos abuelos  emocionados a pesar del mal trato,  muchos de ellos hasta las lágrimas. «Voy a poder abrazar a mis hijos y a mis nietos» manifestaban entre lágrimas  y expresiones de alivio,  más allá del destrato sufrido por una ciudad como (CABA)  que no supo anticipar los pro y los contras y sometió a cientos de abuelos a grandes colas donde no existía el distanciamiento social, donde el calor golpeaba sus cuerpo cansado mientras manifestaban su descontento,  «somos descartables, como ya no producimos no les interesamos»  

Nunca pensé que una simple vacuna podría generar  tanta emoción al punto de llenarme los ojos de lágrima.

No me cabe duda, no es solo la vacuna  contra el Covid_19,  es además una porción enorme de esperanza, es un abrazo infinito a la libertad y por sobre toda las cosas, es  un canto a la vida.

Llegamos al centro de vacunación de presidente Derqui,  ubicado en la estación Toro, en el centro cultural para ser exacto.

Créanme si les digo,  todo era alegría en ese lugar, se respiraba sensaciones que refrescaban el alma y el orgullo por parte de quienes  te daban la bienvenida  y te  dejaba muy en claro, lo que acontece en ese lugar, tenía sabor a vida.

Enfermeras, Auxiliares, personal de limpieza y personal de seguridad,  habían logrado una comunión como pocas veces se puede percibir en un lugar de atención pública.

Vacunarse fue una canción aparte, no faltaron las sonrisas, los gesto de aprobación,  incluso los aplauso,  en definitiva, vacunarse en el cede montada en el centro cultural de la estación Toro,  fue una experiencia que a todo los Derquinos, nos regala satisfacción y nos da la seguridad de que si se quiere, se puede hacer bien las cosas.

El Plan Estratégico para la vacunación en Argentina,  es una estrategia nacional que se rige por un marco ético que incluye el principio de equidad, con una base técnica sólida, y que será coordinada, participativa y multisectorial, con la firme convicción de que debe abogarse por la conciencia solidaria de la comunidad que favorezca la vacunación en forma voluntaria.

En presidente Derqui, se demostró que a este plan estratégico,  se le puede agregar alegría si tan solo se tiene la convicción claras, donde el compromiso y el respeto hacia nuestros semejantes,  es parte de un plan colectivo del cual todos podríamos sentirnos orgullosos.

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