El legado De Mauricio Macri.

 
 
Por Jesús Marcelo Delise
 
Dijo Patricia Bullrich: la deuda que dejó Macri “es normal” y la actual gestión “exagera para ganar tiempo”
 
Mauricio Macri es apenas un personaje central dentro de una comedia que tuvo varias aristas, y dejó un legado que sufriremos por muchos años y aún más, si no somos capaces de revertir los acontecimientos que se aproximan.
 
Indiferente ante el desequilibrio de las cuentas públicas, el gobierno de cambiemos ha dilapidado una gran oportunidad política para foguear un endeudamiento irresponsable mientras financiaba esquemas que desalentaron cualquier posibilidad inversiones.
 
Desde la paralización del plan de infraestructuras, los excesivos incrementos de impuestos que treparon hacia órbitas alarmantes y un brazo judicial que se encargó de perseguir a sus contrincantes, Cambiemos, se dedicó a imprimir una historia que será recordada y posiblemente estudiada por quienes entienden que, es muy fácil destruir un país, o sacarlo a delante si se hace todo lo contrario a lo que hizo el gobierno saliente.
 
Cambiemos llegó al poder apoyado por los medios y las corporaciones que vieron en su líder, la esperanza de recuperar lo perdido por estructuras populares que pensaron en una sociedad más equilibrada y para lograrlo, atacaron a sus arcas personales.
 
 
Una vez en el poder, no dudaron en forzar devaluaciones monetarias que permitieron vender caro al exterior mientras perseguían viejas recetas que tanto daño la hicieron al país, como el achicar el estado, para enriquecer a la nación, cada vez más inseguros, se adueñaron de los sueños y en consecuencia, nadie, ni por asomo siquiera, se planteó la hipótesis de invertir en una Argentina al borde de la explosión social, pero claro, el Déficit cero era el camino sin importar que eso implicaba la miseria.
 
Mauricio Macri, soñaba quedar como el jefe de Estado que cambió la historia argentina con «el mejor equipo de los últimos 50 años» al menos, eso fue parte de su libreto, pero a lo largo de sus cuatro años de mandato, los números le fueron en contra y a días de entregar el poder a otro presidente electo democráticamente, quedó atrapado en un vacío misterioso de falsa autoridad que se reflejó, en la necesidad de recordarles a sus propios socios de la alianza Cambiemos, y a su Gabinete, que él, es el que manda.
 
Hay que reconocer que muchos especularon y apostaron por un Macri derrumbado, a minutos de entregar el mandato, partiendo rumbo a España, Italia, o algún país dispuesto a darle un asilo reconfortante, alejado de todas las acusaciones que sabía, le llegarían como filo de navaja.
 
Pero Macri sabe reinventarse y trata de caer tan bien parado cual Felino ágil y listo para clavar sus garras y claro, su designación en la FIFA, lo posicionó nuevamente en el centro de la discusión, sin importarle cuáles son las consecuencias.
 
Para Mauricio Macri, la crisis económica se reflejó en las urnas, y lo llevó al abandono total de aquel discurso que enarbolaba el mejor equipo de los últimos 50 años. Para entonces, pasó del objetivo no cumplido de pobreza cero, a un nuevo objetivo por el cual quiere ser recordado en la historia, lo cierto, es que ese objetivo parece no tener nitidez en su horizonte.
 
Existió un 24ª, y con él, una bocanada de aire fresco le permitió relanzar el slogan “Sí, se puede”, recorrer el país con la promesa de mejorar la economía en un segundo mandato, y aceitar un marketing para conseguir pasar del 34% del apoyo del electorado en las PASO, a casi el 41% en las elecciones generales del 27 de octubre.
 
Todo parecía ordenarse, la transición, era solo un trámite frente a su sucesor electo Alberto Fernández, en definitiva, todo no estaba perdido, ahora se lanzaría de lleno a mostrarse como el dueño del 41% de los votos de la coalición Juntos por el Cambio. Pero claro, la grieta es la grieta y aún más venenosa si se trata de una, justo en el centro de la misma coalición.
 
Mauricio Macri no puede estar alejado de los escándalo y tuvo una resolución por el protocolo del aborto no punible publicado en el Boletín Oficial por Adolfo Rubinstein, un radical que de ex ministro de Salud se transformó secretario, y le impuso a Macri una medida de tal impacto político y social que a las claras, hacía ver que un secretario de segunda línea y con poca nafta, podía desafiar su autoridad.
 
 
Claro que la UCR salió con los tapones de punta y apoyo a su par Adolfo Rubinstein, quien a su vez, terminó renunciando, no sin antes remarcar sus desacuerdos con el estilo de liderazgo de Macri.
 
Después de que Elisa Carrio al mejor estilo stand up, asegurara que solo muertos dejarían el poder, el macrismo de hoy, pretende tener medianamente en claro como reconstituirse, desde una fuerza opositora.
 
Con un discurso en partes contradictorio a través de intervenciones públicas y documentos oficiales, la fuerza de Cambiemos buscó instalar la idea de que se lograron establecer las bases en sus cuatro años de gestión para el desarrollo del país. Al mismo tiempo, sus miembros intentan mostrarse como garantes de la transparencia, el respeto republicano y la calidad democrática.
 
El problema es que a medida que avanzan los días del Gobierno de Alberto Fernández, la olla de cambiemos comienza a rebosar y los chanchullos de su gobierno que de transparente tuvo muy poco y de poco inteligente tuvo mucho, salen a la luz dejando una marea que quiere llevarse puesto a todos sus integrantes.
 
Ya se conocen decena de escándalos de la gestión de Cambiemos, en algunos casos, los hechos poseen magnitud o gravedad para el Estado nacional, y se esperan fuertes sumarios administrativos, investigaciones preliminares y denuncias penales por delitos de corrupción, en otros casos, la desidia que tuvieron a la hora administrar los bienes de todos los argentinos, queda plasmada frente el desprecio hacia verdad y el continuo trabajo de buscar culpables.
 
 
AySA pagaba millones al Boca Juniors de Angelici.
 
La denuncia de Gabriel Katopodis, que acusa al macrismo de dejar una deuda $35.000 millones en proyecto de infraestructura impagos más el abandono de obras y la falta de “transparencia”.
 
El caso Vicentín, y sus aportes a la campaña de Macri, que le permitió recibir créditos por $18.700 millones.
 
El sobre con u$s10.000 en un escritorio del Ministerio de Producción.
 
La concesión del Paseo de la Infanta por 10 años que en el último día del gobierno de Macri fue otorgado en favor de la firma Estación Rosedal SA.
 
Los bienes del estado entregado por Macri por más de $15.800 millones entregados horas antes de dejar la Presidencia.
 
Los pedido de indemnización millonaria de los Funcionarios “M” de Aerolíneas y Arsat
Las Vacunas retenidas en la Aduana desde junio del 2019.
 
Los archivos del Ministerio de Defensa bajo el agua.
Las miles y miles de computadoras del plan conectar igualdad envasadas para el descarte.
 
Los gastos del Senado de Michetti.
 
Los aprietes a los jueces de la suprema corte para mantener presa a Milagro Salas
Los allanamientos armados para la televisión de Patricia Bullrich,
 
Y la madre de toda las dudas, una deuda contraída con los mercados y el FMI alejada de toda norma y que solo sirvió para pagar a los grandes capitales que a su vez se encargaron de embolsar y sacar del país la divisa estadounidense, a medida que iban entrando.
 
Desde la pobreza, hasta la caída de la actividad, desde las decisiones de aumentar drásticamente las tarifas que las empresas y los hogares pagan por la energía y dolarizar los contratos con quienes extraen gas y petróleo, desde el aumento de la inflación, desde las leyes compradas que le permitió cambiar el sistema previsional, desde los DNU o las decisiones tomadas fuera de los departamentos legislativos, Mauricio Macri y su cambiemos, junto con toda su coalición, enfrentan un destino muy incierto, donde los encuentros en tribunales, parecen el destino más certero, si lo comparamos con lo que puedan hacer de aquí en más en el campo político.
 
El macrismo y su cambiemos nos exigió acompañar la fe de un grupo de funcionarios iluminados, pidió sacrificios para llegar a un futuro que nunca llegó y nos enfrentó contra la corriente mientras abusaba de repeticiones que creían todos queríamos escuchar, olvidándose que también esperábamos que se hicieran realidad.
 
 
En la Argentina de Macri, tuvimos de todo, incluso espejismo que hasta parecía real. En 2017 la economía creció, Sustentadas con clásicas políticas fiscales expansivas y en el atraso cambiario, pero lo más importante, financiado con 60 mil millones de dólares de nueva deuda y un déficit en cuenta corriente de más de 5 puntos del producto.
 
El espejismo duró lo que podía durar, y a principios de 2018, la violenta crisis producto de la decisión de atar la estabilidad al financiamiento de la deuda pública en moneda extranjera y al esfuerzo por garantizar un flujo de dólares destinados al carry-trade, la famosa “bicicleta”. Termino dejando en claro que la realidad, es más fuerte que cualquier cuento de hadas.
 
Todavía se sigue escuchando esto de que el ajuste era necesario y algunos economistas incluso defienden a rajatabla un endeudamiento que dejará a la argentina sin independencia económica por varias generaciones.
 
 
La flamante presidenta del PRO, Patricia Bullrich, aseguró que la deuda que tomó el Gobierno de Mauricio Macri es «compatible y normal en cualquier país» y señaló que dejaron una negociación con el FMI que abarata cualquier tipo de posibilidades y a todo esto, no dudo en decir que la nueva gestión exagera, para ganar tiempo.
 
Lo cierto que esa coalición que nació detrás de los globos amarillos con el objetivo de sacar del poder a el kirchnerismo y que en muchos tramos de su historia, vaticinaba su existencia por el resto de la eternidad, hoy se despedaza entre acusaciones internas, denuncias por mala praxis, contradicciones sujetas a promesas que nunca pudieron cumplir y nuevas promesas que seguramente ni siquiera podrán poner en práctica y un Mauricio Macri que seguramente, quedará en la historia argentina como el presidente que nunca entendió que significa ser presidente.
 
Posiblemente, si único legado, al menos el que recordemos con satisfacción, sea el haber podido cumplir su mandato y ser el primer presidente no peronista, en entregar el cargo justamente a un peronista.
 
 
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