De los miserables, no se salva ni el COVID-19

El coronavirus nos está mostrando, no solo que es capaz de hacer estragos en los mundos civilizados, también nos muestras las peores mezquindades social y planetarias, pero tiene sus ventajas, nos está permitiendo conocer a las personas, descubrir sus convicciones y sus actitudes.
 
 
 
Por Jesús Marcelo Delise
 
 
COVID-19, está dejando al descubierto una pequeña muestra de la forma cómo ciertos políticos se muestran ante la sociedad que le demanda otro tipo de compromisos, claro que no hace falta mucho cuando de políticos se trata, y más en un país como el nuestro, donde justamente, la política tiene un precio tan bajo que se descarta en cualquier esquina.
 
Lo cierto, es que hoy vemos más que nunca esa miseria que busca a toda hora sacar tajada mintiendo, avivando discusiones siempre inoportuna y lo peor de todo, ignorando la realidad de una enfermedad que está poniendo de rodillas al mundo entero, en una palabra, mostrando cuán miserable pueden llegar a ser un ser humano, por el solo hecho de conservar un espacio.
 
Pero la miseria política no es oriunda de Argentina, desde Israel a Bolivia, de Chile a Hungría, distintos gobiernos fuertemente cuestionados sacan provecho de la pandemia dejando en claro que sus mezquindades pueden más que la vida de los pueblos.

Suspender elecciones y constituyentes, cerrar parlamentos, y hasta anexar territorio ocupado ilegalmente, es una fiel muestra que hasta un virus destructor como el COVID-19, es válido a la hora de abrazar a las hipocresías.

Se gobiernan con desidia, se cambia de rumbo luego de subestimar a un virus mortal, incluso, se la usa de excusa ovulando un desafío con el afán de mostrar quien manda mientras se niegan a tomar las medidas de sanidad necesarias.
 
La pandemia del coronavirus, ha puesto a prueba el liderazgo de los gobernantes en todo el mundo, y en argentina, le está tomando examen a un gobierno que solo tiene una carta para jugar la partida más compleja de la historia, lo peor de todo, es que no se trata de ganar o perder, una sola equivocación, bastaría para acabar con la vida de cientos de compatriotas.
 
Cada gobierno adoptó cursos de acciones diferentes, y en algunos casos, existieron las marchas y contramarcha, mientras los medios de comunicación dedican casi enteramente su atención a las decisiones y medidas implementadas.
 
Sin duda, no hay otro tema a desarrollar, el COVID -19, es prácticamente el único tema en agenda. Mientras tanto, esa economía que de a poco se fue internado en terapia intensiva, quedó en segundo plano, «entre la economía y la vida, yo elijo siempre la vida» Dijo Alberto Fernández, un hombre que acabó con los pronóstico de los medios que lo mostraban como títere de campaña, incapaz de gobernar sin salir de la sombra de Cristina Fernández de Kirchner.
 
Alberto Fernández, viene acumulando una fuerte imagen positiva debido a su forma de encarar acciones en una argentina compleja y que a raíz de una pandemia devastadora lo es aún más.
 
A esta realidad hay que sumarle las agachada de una derecha miserable que desesperada por la falta de protagonismo, sale del corral cacerola en mano, para hacer un poco de demagogia, acción que le rinde y mucho cuando faltan los argumentos.
 
Sin dudas, la manera en que se tomen las decisiones y el comportamiento de los dirigentes políticos durante esta crisis, tendrá un efecto a la hora de hablar de capacidad de gestión más colaboración versus obstrucción de las elites políticas, algo que podría constituir un criterio de evaluación por parte de la ciudadanía en el futuro.
 
Ahora, dime para quién gobierna y te diré quien eres.
 
El coronavirus ha llegado para quedarse al menos hasta que una vacuna logre frenar su avance y claro, demandas el papel protagónico, sin margen para desacuerdos, sin márgenes para las marchas y contramarchas.
 
Hay riesgo para el gobierno de turno a la hora de tomar medidas unilaterales y un idéntico riesgo para las otras fuerzas políticas en no colaborar u obstruir las medidas dispuestas, pero la avaricia a veces es demasiado tenaz y aquellos que se sienten amenazados, no les importa quedar expuesto y mucho menos si el apoyo de los medios monopólicos es total.
 
La batalla contra la propagación del coronavirus en el país no da lugar a los partidos o dirigentes para diferenciarse. Por una parte, por la gravedad de la pandemia, por otra, por la severidad de las medidas que requiere contenerla.
 
Cuando Alberto Fernández tomó posición sobre la pandemia, la grieta de la que tanto se habla se desvaneció, pero esa zona libre de conflictos es muy angosta, precisamente porque los temas que unifican, conviven con temas de posicionamiento, y justamente parece que los temas de posicionamientos, conviven con las mezquindades a tal punto, que se transforman en despreciables.
 
Lo cierto, es que las pujas redistributivas y la definición de medidas que determinan ganadores y perdedores reemergen y ganan terreno y esto lo saben quiénes siente que fueron dejados a un lado de la escena política y los grandes empresarios que viene teniendo la manija del sartén y no están dispuesto a largarla.
 
«Usted es el comandante en la batalla. Somos uno solo en esta pandemia», dijo el jefe del interbloque de Juntos por el Cambio en Diputados, Mario Negri, durante el encuentro que los jefes parlamentarios de la oposición mantuvieron con Alberto Fernández, en la Casa Rosada.
 
Sergio Massa afirmó «En esta pelea no hay grieta, el Gobierno y la oposición estamos y vamos a estar juntos para buscar los mejores resultados»
 
Lo cierto es que hay una gran diferencia a la hora de gobernar para el pueblo o para las grandes corporaciones, la derecha argentina tiene muy en claro el rol que ocupa y hacia donde quiere gobernar, y es por eso que en plena pandemia, vuelve poner sus fichas en la demagogia para lograr aceitar sus intereses personales, busca cuñas, desafía a la razonabilidad y todo para poder entrarle al gobierno de turno sin que nadie se percate de sus despreciables maniobras.
 
Es así como recurre a viejas recetas de confrontación, poniendo a funcionar su artillería pesada en las redes sociales que articulan con los medios de comunicación distribuyendo informaciones falsa y reclamos que no pueden explicar.
 
Desde la sombra, agitan a la sociedad sin importarles las consecuencias, buscan desprevenidos para que se alisten en su cruzada y no dudan un instante a la hora de mostrar su cara de piedra, mientras se muestran como los mesías de los tiempos modernos, dueño de la única salida posible hacia la luz de esos viejos túneles, que ellos mismos diseñaron.
 
Aquel cacerolazo del 30 de marzo, fue incentivado, y no tengo duda, por una oposición funcional a las grandes corporaciones, coincidencia o no, justo un día después de que Alberto Fernández tildara de «miserable» a los que despiden. Claro que sus dichos no fueron encontrados al azar, sino que son el resultado de 1450 obreros despedidos por Techint una empresa que ha vivido a costillas del estado y que hoy, no está dispuesto a largar la teta que siempre le a dado de comer.
 
La respuesta parece simple Techint organizó el cacerolazo.
Claro que sería necio hacer semejante afirmación, pero también es cierto que todo los caminos llevan Roma, y si bien no hay pruebas alguna para semejante afirmación, las coincidencias temporales y la evidencia de una campaña pública, nos deja mucha tela para cortar, así como deja en claro que la grieta en la Argentina no es perecedera.
 
Por lo pronto el Covid-19, sigue devastando a las grandes potencias, pero encontró en un país del tercer mundo una resistencia inesperada debido a las buenas determinaciones de un gobierno que apostó por la vida antes que por la economía, también hay que tener en cuenta que la batalla no es solo contra el COVID-19 sino también contra los miserables que buscan sacar ventaja, aun a expensa de la muerte y en consecuencia, busca arrebatarle al Presidente el apoyo actual de la clase media o mejor dicho, de algunos desprevenidos que creen en demagogia y no en acciones colectivas que solo buscan el bien común.
 
Alberto Fernández es portador de un altísimo nivel de consenso por su liderazgo contra el coronavirus, no hay por donde entrarle, tuvo la inteligencia de prepararse para que no quedaran flancos débiles, por eso, la demagogia y las cadena nacional de los medios monopólicos es la única opción para ver si a más no sea por un instante titubea.
 
Mientras tantos, seguiremos escuchando a personajes como Lauco hablando de espontaneidad del pueblo que ni él mismo se la cree, seguiremos leyendo en las redes los mensajes con hashtag incluidos (#BajenseLosSueldos) articulado por cuentas de operadores pagos que amenazan con el caos, seguiremos viendo como rascan las hoyas viejas mientras los medios filman a un par de solitarios como herederos de los justos reclamos, seguiremos viendo como las grandes multinacionales hacen valer su poderío, seguiremos asombrándonos con mensajes tales como @Mejorar_arg: «Ni siquiera las dictaduras militares gobernaron en la Argentina sin el Congreso y sin la Justicia funcionando, como ahora». O “Te van a empezar a cerrar empresas, Alberto, y la crisis será aún peor. «No se gobierna a un país con buenas ondas. Tildar de miserables a los que pagan sueldos e impuestos es tirarse un tiro en el pie. Tomate un tecito antes de hacer declaraciones»
 
Todo esto mientras el pueblo argentino lucha con un enemigo invisible que arrebata vidas sin distinción de raza, credo, o clase social.
 
Covid-19, está entre nosotros y demanda la unidad de todo los argentinos, pero tristemente, hay imbéciles que atentan contra esa unidad, claro, la solución no es enojarse, sino seguir las instrucciones que las autoridades del estado han establecido. QUEDARTE EN CASA no es una consigna más, sino la diferencia entre la vida y la muerte.
 
Gran parte del pueblo argentino lo entendió y la otra parte, busca sacar ventaja de la tragedia, al buen estilo de los miserables.
 
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