Argentina, Argentina, un país Generoso.

 
Por Jesús Marcelo Delise
 
A lo largo de décadas, la argentina se fue convirtiendo en un laboratorio de experimentos para los grandes monopolios, para el capitalismo salvaje, para las políticas de reconfiguración violenta y muchas veces sanguinarias, políticas que repasan ciertas reformas económicas que se introducen a través de hechos conflictivos o contingencias diseñadas, que suman a las sociedades en la confusión, provocando profundos impactos en la psicología colectiva, mientras se paraliza cualquier tipo de reacción.
 
 
En estos últimos cuatro años, Mauricio Macri ha deteriorado todo los índices de crecimientos mientras acelero un programa económico diseñado para poner de rodillas a todo los sectores sociales populares y todo esto, mientras una parte de la población, la que sin lugar a duda el círculo rojo ve como la clase dominante, se beneficiaba a costa del sufrimiento de los sectores más vulnerables.
 
Argentina: un país generoso
 
Esa frase, dicha en sorna, significa “solo acá es posible que ese individuo tenga éxito”. Es una forma de decir que aquí pasan cosas y hay personajes que en un país “normal” no correrían con la misma suerte.
 
Da la Rúa fue presidente a pesar de su torpeza, Del Ser candidato a gobernador y Amalia Granata, Diputada después de haber transitado por un camino donde las cámaras eran su único refugio, incluso, la mismísima Isabel, llegó a la presidencia, luego de que uno de los hombres más notable de la política argentina, nos dejara y se convirtiera en el símbolo de las fuerzas populares de nuestros tiempos.
 
Por otro lado, Mauricio Macri, un hombre que carece de todo tipo de preparación, que no sabe leer, desconoce la historia nacional y contemporánea, carece de dialéctica y su mayor logro en la vida fue nacer en cuna de oro, logró llegar a ser el primer mandatario de un país generoso como el nuestro, para beneficios de las grandes corporaciones y para decidía de los que estamos en los escalones más bajos de la pirámides estructural social.
 
El martes que viene, será el último día de un año que sin lugar a duda ha sido muy difícil para todos y los preparativos ya comienzan a verse en las casas de cada argentino.
 
Nuestro menú para el 31 a la noche, es muy variado, una fusión de la vieja usanza heredada de culturas europeas y una impronta más relajada de este tiempo con platos criollos.
 
“Vitel Toné”, Pionono salado, y arrollados de carne o pollo se sumarán a las mesas frías junto con bouquet de ensaladas y tartas, o quizás un asado casual y sin tanta estridencia para que la reunión no sea un problema sino un encuentro.
 
Pero claro, venimos de cuatro años de caída libre, donde la economía se desplomó, donde los abuelos sufrieron el derrotero de una inflación galopante, donde los maestros tuvieron que salir a la calle una y otra vez para reclamar lo que les corresponde por derecho propio, donde miles de trabajadores perdieron su futuro, al quedar sin ese espacio que hace digno a las personas, donde la ciencia fue maltratada, donde la salud deteriorada, donde los niños, el futuro de todo lo bueno o lo malo que vendrá, padece las peor de las calamidades que no es otra cosa que el hambre y entonces, nuestra mesa en abundancia no solo es una bendición, sino un privilegio, un regalo que debemos disfrutar sin olvidar quienes somos, y el camino que tendremos que retomar para recuperar tanto tiempo perdido.
 
Esta, es la última Editorial del año 2019 y estoy convencido que no debo hablar de un pueblo ignorante que empeña su futuro y el de sus hijos con un voto cautivo a cambio de promesas que saben de ante mano, jamás se cumplirán, ni de postulantes al poder que se los ve sonreír con una mueca macabra el día de la elección.
Tampoco debo hablar del fraude, de corrupción, del se robaron todo, de los panamá papers o de una justicia manipulada por el poder que salió sin descanso a perseguirá a los adversarios del oficialismo, tampoco tengo que hablar de los gatillos fáciles o de la presencia del FMI nuevamente en nuestras tierras.
 
 Pero claro, La Patria ha sido azotada y como dicen en los medios, arrasada por los poderes que llegaron con la intención de quedarse y beneficiarse con el sufrimiento de los más débiles, mientras avanzaban, tropezando en un lento vía crucis. Camino al Gólgota, donde acabaría entregándose para ser sacrificada.
 
Lo cierto es que los pueblos se levantan y son feroces cuando lo hacen, Desde Francia con los chalecos amarillos, desde chile con un pueblo que deja en claro que sus tierras están muy alejada del paraíso terrenal, desde una Bolivia que lucha por preservar sus raíces, desde Latinoamérica toda que ya cansada de las políticas neoliberales entienden que es hora de rebelarse contra su verdugo, la argentina, renueva sus esperanza y hace un giro de 180 grados buscando revertir tantas desigualdad social.
 
Nuestro país ha tenido una caída libre, hoy crujen sus huesos rotos, ultrajado debido a que fuimos adormecidos con discursos que cerraron las puertas del futuro y dejaron un brote de ceguera, mientras nos repartieron, palos. Pan y circo.
 
Fueron cuatro años muy difíciles, fueron cuatro años de saqueo a nuestra moral, a nuestro intelecto y lo peor de todo, al futuro de nuestros hijos.
 
Pero claro, a veces tengo la sensación de que el pueblo no les demandará nada, porque ellos están exentos de explicaciones, aún así, tal vez, Dios tenga la espada más grande que la justicia que nosotros conocemos, tal vez, del otro lado, cuando por fin pierdan y llegue la hora señalada, aquellos que se aprovecharon de los sueños de los pueblos sin grandes campañas, ni promesas que jamás cumplirían, ni sonrisas forzadas, tengan una dosis de esa democracia de la que tanto hablaron y esa justicia que va más allá de los hombre  y claro, pueda encargarse de saldar las cuentas, incluso, confió que detrás de la vida, algún San Martín, algún Belgrano o Moreno, les muestre la espadas filosa y le pidan respuestas por tanta sangre entregadas en las tierras argentina.
 
Argentina: un país generoso.
 
Si fuera por los indicadores de la economía, Mauricio Macri no hubiese podido siquiera presentarse como candidato en las elecciones pasadas. Ya que no tendría ninguna chance ni siquiera en sus pensamientos, pero Argentina, es un país generoso, y con esta realidad, intervienen variables políticas, a veces carentes de todo tipo de explicación.
 
Sin embargo, ya sea por la protección mediática o por ciertas penetraciones culturales al buen estilo de teorías falsificadas por el neoliberalismo, el plan económico social, que ha dejado afuera a más de la mitad del país, ha merecido críticas menores y en muchos casos, justificaciones que no merecen el más mínimos de los análisis.
 
Argentina es un país generoso y es por eso que alejado de cualquier chicana, volvemos a recomenzar, volvemos a tener esa oportunidad que cada tanto se nos une frente a nuestras narices y nos invita a modificar lo que hemos hecho mal para así, construir una sociedad un poco más justa para todos,
donde esas mesas llenas de abundancias conformada por tantas culturas e impronta criollas, no estén en la realidad de unos pocos, sino que sea parte de la vida de todos.
 
Pero claro, para lograrlo, tuvimos que cambiar de rumbo, tuvimos que legislar leyes de emergencia alimentaria, tuvimos que informarles a los que mejor la pasaron en estos últimos cuatro años, que es hora de equilibrar la balanza y a pasar de su descontento, empezar de arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba como fue la costumbre de las políticas pasadas.
 
Argentina, no es un país géneroso porque llegan personajes de turno, argentina es un país generoso porque su gente siempre se levanta y nunca deja de caminar, argentina es un país generoso porque su pueblo construido por tantas culturas sabe de solidaridad y de esfuerzo compartido.
 
Argentina es un país generoso porque tenemos un vasto territorio donde todos podríamos sentirnos parte de algo, argentina es un país generoso porque nuestra tierra es fértil, porque nuestro clima es cambiante, porque nuestras riquezas son infinitas y están a la espera de que pongamos mano a la obra.
 
 
Argentina es un país generoso porque hay un futuro que puede ser bueno para cada uno de nosotros y por sobre toda las cosas, Argentina es un país generoso porque podemos construir un futuro mejor para nuestros hijos.
 
Estamos a un paso del 2020, podemos cambiar, solo tenemos que tomar la decisión de hacerlo.
 
Es el deseo de este humilde servidor que después de tanto caminar, encontró un espacio para decir lo que piensa.
 
El futuro es nuestro, solo tenemos que ir por él.
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